
Manejar el comportamiento desafiante de un niño pequeño puede ser estresante y abrumador. Los niños menores de 5 años aún están aprendiendo a comunicar lo que quieren y necesitan, así como a regular sus emociones y conductas. Los problemas de comportamiento más comunes incluyen berrinches o crisis, gritos, tirarse al suelo, patadas, golpes, mordidas y lanzar juguetes u otros objetos.
Aunque los niños con diagnósticos como autismo, TDAH y otras discapacidades del desarrollo pueden presentar estas conductas con mayor frecuencia o intensidad, es probable que todos los niños, ya sean neurodivergentes o neurotípicos, las manifiesten en algún momento de su desarrollo.
Si quieres que las estrategias de manejo de conducta que elijas sean exitosas, observa las circunstancias que rodean el comportamiento problemático de tu hijo y trata de deducir cómo está usando su conducta para comunicarse. Las buenas estrategias de manejo de conducta buscan abordar el porqué detrás de la conducta, para que puedas ayudar a tu hijo a satisfacer sus deseos y necesidades de una manera adecuada. No se trata solo de eliminar el comportamiento inapropiado. Se trata también de enseñarle a tu hijo qué puede hacer en su lugar.
Cuando te enfrentas a episodios frecuentes de mal comportamiento, es fácil enfocarse en lo que sale mal y pasar por alto cuando las cosas salen bien. Para fomentar que tu hijo tenga un comportamiento adecuado, ¡prémialo cuando lo veas! Este uso del refuerzo positivo aumentará las probabilidades de que tu hijo elija una conducta más apropiada en situaciones similares en el futuro.
Por ejemplo: Tal vez te ha costado trabajo lograr que tu hijo de 4 años se ponga los zapatos antes de salir de casa sin que haga un berrinche monumental que te haga llegar tarde. Para usar el refuerzo positivo, elógialo los días que se ponga los zapatos sin berrinches. Además, ¡prémialo cuando lo veas poniéndose el abrigo por sí mismo o realizando otras tareas cuando se lo pides! Con el tiempo, tu hijo notará todos los comentarios positivos por seguir instrucciones sin resistencia, y su cooperación mejorará.
Sabemos que los horarios pueden ser caóticos cuando intentas coordinar traslados, compras, trabajo, etc., lo que dificulta estructurar el tiempo en casa con los niños. Una de las formas más sencillas de usar el refuerzo positivo en el hogar y aumentar la cooperación de tu hijo es ordenar los eventos de modo que las actividades menos preferidas ocurran antes que las altamente preferidas.
Por ejemplo: Si dejas que tu hijo vea televisión antes de cenar, pero descubres que apagarla provoca berrinches, intenta cambiar el orden para que tu hijo tenga que cenar antes de que se le permita ver televisión. Podrías ofrecerle jugar con juguetes o tiempo de lectura como actividad alternativa antes de la cena. Pequeños ajustes proactivos en tus rutinas diarias como este pueden reducir eficazmente el número de situaciones detonantes y, por lo tanto, disminuir los episodios de mal comportamiento.
Los niños pequeños aún están aprendiendo a procesar información auditiva en forma de instrucciones habladas por adultos. Para ayudar a tu hijo a entender qué se espera de él y anticipar lo que sigue, utiliza horarios y apoyos visuales. Un apoyo visual de "Primero-Después" puede ser una excelente manera de comunicarle a tu hijo qué debe hacer para obtener una recompensa.
Por ejemplo: "Primero recoger, después el refrigerio". Los horarios visuales pueden usarse para representar cualquier periodo de tiempo. Puedes crear un horario visual que describa todo el día del niño, un par de horas (por ejemplo, el tiempo antes de la escuela) o los pasos para completar una sola actividad, como lavarse las manos. Las advertencias verbales (por ejemplo, "vamos a apagar la televisión en 5 minutos"), especialmente cuando se combinan con temporizadores o cuentas regresivas, pueden ser increíblemente efectivas para ayudar a tu hijo a transitar por momentos difíciles.
Tanto para adultos como para niños, a veces escuchar un "no" tajante puede desencadenar una fuerte respuesta emocional. En los niños pequeños, esto suele manifestarse como conductas desafiantes como berrinches y golpes. Para evitar proactivamente estas situaciones, utiliza la toma de decisiones de varias maneras. Primero, ofrece opciones a lo largo del día tanto como sea posible (por ejemplo: "¿Quieres usar tus zapatos azules o los rojos?", "Puedo prepararte un waffle o huevos revueltos, ¿qué prefieres?", "¿Te gustaría ir al parque o ver el entrenamiento de fútbol de tu hermana después de la escuela?"). Permitir que tu hijo ejerza control sobre su día puede contribuir a su sentido de autonomía.
Segundo, en lugar de permitir que tu hijo elija entre un número ilimitado de opciones, algunas de las cuales quizás no apruebes, ofrece una selección cerrada de opciones disponibles. Por ejemplo, al comer en un restaurante, en lugar de decirle de inmediato que no puede tomar refresco, dale una opción fija: "Las opciones son jugo o leche. ¿Cuál te gustaría?". Si tu hijo pide refresco, puedes recordarle: "El refresco no es una opción esta vez, pero puedes pedir leche o jugo". Si tu hijo hace una elección que no ofreciste pero que es adecuada (por ejemplo, "solo quiero agua"), ¡asegúrate de reforzar su buena decisión!
La mayoría de los niños no pasan de 0 a 100 sin dar señales de que se están frustrando. Si observas con atención, generalmente puedes identificar una serie de comportamientos precursores que tu hijo manifiesta antes de un berrinche o una crisis mayor.
Por ejemplo: tu hijo podría quejarse, lanzar un juguete o poner cara de enojo antes de intentar golpearte o empezar a llorar. Para evitar proactivamente una crisis mayor, realiza un cambio en el entorno o fomenta una respuesta de comunicación funcional o una estrategia de afrontamientotan pronto como observes el o los comportamientos precursores. Supongamos que a tu hija le cuesta dejar de usar el iPad. Cuando le pides que lo devuelva, primero se queja (el comportamiento precursor), y cuando insistes en que lo apague, escala hasta lanzar el iPad. Para responder a las primeras señales de agitación, podrías pedirle que te solicite un minuto más en el iPad cuando empiece a quejarse, evitando así que lo lance.
Usar esta estrategia también puede significar darle un descanso a tu hijo antes de que llegue a su límite. Por ejemplo, notas que a tu hijo le cuesta lidiar con el nivel de ruido y las luces brillantes en el partido de baloncesto de su hermano. Después de unos 30 minutos sentado en las gradas, se molesta y empieza a gritar. Te das cuenta de que, antes de que empiece la crisis, comienza a aletear las manos y a quejarse. Para responder a estos comportamientos precursores, podrías llevarlo a dar un paseo corto para beber agua o ir a la cafetería después de 15 o 20 minutos de estar en el partido. Además, puedes aprovechar esta oportunidad para enseñarle a pedir un descansoantes de que se sienta muy molesto.
Controlar el entorno físico es una estrategia que la mayoría de los padres utilizan cuando sus hijos son bebés para mantenerlos a salvo. Instalar puertas de seguridad, protectores de esquinas, cubiertas para enchufes, seguros para inodoros y protectores de puertas son solo algunas de las formas en que puedes modificar tu hogar para evitar que tu hijo pequeño se lastime. Este mismo razonamiento se puede aplicar a medida que tu hijo crece y necesitas controlar su acceso a objetos y actividades dentro de casa. Aquí tienes algunas formas sencillas de implementar esta estrategia: guarda los bocadillos saludables en cajones o estantes al alcance de los niños y los dulces o premios en niveles más altos o en gabinetes cerrados; rota los juguetes en el cuarto de juegos según la temporada y mantén el resto guardados; controla el acceso a la tecnología manteniendo las tabletas y los controles remotos en cajones bajo llave. Al usar esta estrategia, piensa: "ojos que no ven, corazón que no siente". Es probable que tengas muchos menos conflictos por no permitirle comer helado en el desayuno si el helado está guardado donde tu hijo no pueda verlo. Esto puede requerir algunas soluciones de almacenamiento creativas, pero evitar un berrinche diario bien vale la pena.
Si crees que es probable que tu hijo tenga un comportamiento desafiante para llamar tu atención, a veces la mejor estrategia es ignorar el comportamiento hasta que se detenga, siempre que sea seguro hacerlo. Muchos episodios conductuales se desencadenan porque al niño se le dice "no" o se le pide que realice una actividad que no le gusta, pero cambian a una función de búsqueda de atención en algún momento durante el berrinche. ¿Alguna vez tu hijo ha empezado un berrinche porque le dijiste que no podía comerse su dona en el sofá y, de repente, amenaza con tirar jugo de uva en tu alfombra nueva? En estos casos, regañar, hablar, abrazar o mover a tu hijo puede ser un refuerzo para él, aunque consideremos que estas son consecuencias "negativas". Lo mejor es ignorar el impulso de interactuar con tu hijo y esperar hasta que demuestre un comportamiento más tranquilo. Sin embargo, solo estamos ignorando el comportamiento, no al niño, por lo quedebes intervenir si es necesario para mantener a tu hijo a salvo y evitar lesiones graves (por ejemplo, evitar que corra hacia la calle, que trepe por una estantería, etc.).
La redirección consiste en volver a enfocar la atención de tu hijo hacia un comportamiento alternativo y esperado que deba realizar en lugar del comportamiento problemático. La redirección es una estrategia proactiva poderosa que ayuda a prevenir una mayor escalada cuando un niño se siente frustrado. Puede implicar distraer al niño o sugerir una alternativa funcional. Para desviar el enfoque de tu hijo del evento, actividad o persona que lo desencadenó, dale una instrucción sencilla para que participe de manera más adecuada (por ejemplo: "mejor juguemos con los bloques en el piso" o "necesito un ayudante en la cocina ahora mismo"). Alternativamente, puedes pedirle a tu hijo que use una estrategia de afrontamiento (por ejemplo: "respiremos profundo como si estuviéramos apagando una vela") o que elija una actividad diferente (por ejemplo: "si tu hermano no está jugando como quieres, puedes ir a jugar afuera en el trampolín").
Uno de los factores más importantes que influyen en el éxito de cualquier protocolo de cambio de comportamiento es la constancia. Tanto los niños como los adultos necesitan oportunidades de práctica repetidas para desarrollar nuevos hábitos y cambiar patrones de comportamiento aprendidos. Si quieres tener éxito en la gestión del comportamiento de tu hijo, tú y los demás cuidadores deben usar una estrategia de manera constante a lo largo del tiempo y en diferentes entornos. Hacerlo le comunicará a tu hijo: "esta es la nueva expectativa" y él se esforzará por cumplir con la nueva norma. Si utilizas una estrategia como retirar la atención (ver el punto 7 anterior), ten en cuenta que el comportamiento puede empeorar antes de mejorar. Es posible que tu hijo se moleste porque las tácticas que usaba antes para llamar tu atención ya no funcionan y escale aún más para intentar lograr el mismo resultado. Pero si te mantienes constante, aprenderá que sus viejas formas ya no son funcionales y que los nuevos comportamientos alternativos, socialmente aceptables que le has mostrado, son más efectivos para satisfacer sus deseos y necesidades.
Por último, ¡recuerda ser paciente con tu hijo y contigo mismo! Cambiar el comportamiento y aprender nuevas habilidades lleva tiempo. Practicar estas estrategias requiere que cambies tu propio comportamiento, lo cual puede ser un desafío. Esperar a que pase un berrinche de 20 minutos puede ser agotador física y emocionalmente. Sé amable contigo mismo si no sigues el plan exactamente como pretendías. Recuerda que hay muchas variables que influyen en tu comportamiento como padre y simplemente no es realista esperar que respondas perfectamente a cada situación desafiante que surja. Pero si te mantienes firme,puedes influir en el comportamiento de tu hijo simplemente cambiando el entorno que lo rodea.
Si estás listo para comenzar a abordar el comportamiento problemático de tu hijo, empieza usando el refuerzo positivo al "atrapar" a tu hijo portándose bien. Si simultáneamente retiras la atención ante comportamientos inapropiados, es probable que puedas aumentar el comportamiento adecuado de tu hijo sin usar medidas punitivas como reprimendas, tiempo fuera o nalgadas. Apoya esto con horarios visuales, lenguaje de "primero-después", una organización estratégica de las actividades diarias y oportunidades frecuentes para tomar decisiones; probablemente verás una mejora notable en el nivel de cooperación de tu hijo contigo y con otros cuidadores, así como en su regulación física y emocional, y en su participación en actividades sociales y académicas importantes. Enfocarse en medidas proactivas, como gestionar el acceso a juguetes y alimentos de alto valor (por ejemplo, el iPad, dulces) y responder a las primeras señales de que tu hijo se está molestando, puede ser de gran ayuda para evitar desencadenar o intensificar las crisis.
La intervención temprana de ABA, recomendada a partir de los 2 años, ofrece excelentes resultados. Al buscar servicios de ABA, busca analistas de comportamiento certificados (BCBA, por sus siglas en inglés), quienes crean planes de intervención individualizados para abordar las necesidades únicas de tu hijo. Estos clínicos con nivel de maestría utilizan evaluaciones validadas empíricamente y una recopilación de datos continua para tomar decisiones de tratamiento basadas en evidencia. Busca un paquete de tratamiento ABA que incluya capacitación para cuidadores, de modo que un BCBA pueda reunirse contigo personalmente para guiarte en la implementación de protocolos de manejo del comportamiento y apoyar la generalización de las habilidades de tu hijo en el entorno hogareño.
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